Una sucursal puede ser pequeña. Un cajero ocupar apenas unos metros cuadrados, pero en una comunidad apartada, su valor puede ser gigantesco.
Gregorio Valdés, docente quien reside en la comunidad de Guabito, distrito de Changuinola, provincia de Bocas del Toro, área fronteriza con Panamá y Costa Rica; con voz de alivio sañala que contar con una sucursal ha facilitado la vida a la población en general. Antes para realizar algún trámite bancario tenía que trasladarse hasta Changuinola.
Hoy, la realidad es diferente. “Los clientes, los vecinos, los extranjeros pasan constantemente. Se camina solamente unos cinco minutos y ya estás en el Banco Nacional. Es de muy importante impacto”, señala Valdés.
Ilka Abrego, joven dirigente del pueblo indígena Bribrí, destaca que la sucursal de Guabito ha extendido sus beneficios hacia comunidades como Las Tablas, Barranco Adentro, La Mesa, Las Delicias y Finca 51.
“Educadores, productores, personas con emprendimientos e indígenas Ngäbe, Nasos, Bribrís; artesanos también. Sí, de verdad es un servicio para muchos, la mayoría de las personas, hasta niños incluso que han podido abrir sus cuentas de ahorro ahí”, reconoce Abrego.
En el Panamá profundo, la presencia de una entidad bancaria y sus plataformas digitales contribuyen a cerrar la brecha de la inclusión financiera. Panamá presenta una brecha importante en materia de inclusión financiera, el país apenas alcanza el 45% del promedio de los países de altos ingresos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), esto sugiere que una parte de la población enfrenta mayores dificultades para acceder y utilizar servicios financieros, conforme a un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
La brecha de la inclusión financiera no afecta a toda la población por igual. Las mujeres conforme al informe del BID presentan una inclusión financiera del 12,5% inferior al de los hombres, mientras que el 40% de la población con menores ingresos registran un nivel de 26% menor que el 60% más rico. La desigualdad también tiene un componente territorial: quienes viven en áreas rurales se encuentran cerca del 7% por debajo del promedio nacional. Factores que reflejan que el género, el nivel de ingresos y el lugar de residencia pueden convertirse en barreras para acceder y utilizar servicios financieros.
La ubicación de los servicios financieros se convierte en un factor clave para reducir la brecha entre las comunidades urbanas y rurales. Sin embargo, llevar la banca a zonas remotas requiere identificar estratégicamente los lugares donde estos servicios pueden generar mayor impacto y ser sostenibles.
Santa Fe: cuando un cajero se convierte en una puerta En Santa Fe de Veraguas, una comunidad apartada, cuya principal actividad económica gira en torno la agricultura y la ganadería, la historia adquiere otra dimensión.
Aquí no fue necesario construir una gran sucursal para producir un impacto. Bastó un cajero automático.
Antes del cajero, los habitantes de Santa Fe enfrentaban una realidad cotidiana que hoy parece lejana: para retirar su dinero o realizar una transacción básica debían tomar un bus hasta San Francisco, donde está la sucursal más cercana, incurriendo en gastos de transporte que se sumaban al esfuerzo de cada jornada.
Hoy, con el cajero en su área, las familias santafereñas ahorran dinero y tiempo.Teniendo un cajero en su área se les facilita y ahorran dinero y tiempo, cuenta Iris Sánchez, quien trabaja en la Cooperativa La Esperanza donde se instaló un cajero del Banconal.
Los usuarios pueden retirar efectivo, hacer depósitos, transferencias y consultas en el mismo lugar donde hacen sus compras, ya que los cajeros están ubicados junto a supermercados locales, observándose un dinamismo en la economía de las comunidades y, por ende, en los hogares.
La Palma: presencia que sostiene una región
La presencia del Banco Nacional (Banconal) en La Palma, Darién, adquiere una relevancia fundamental. Pese a las marcadas limitaciones de acceso y conectividad, la entidad bancaria se consolida como un soporte indispensable para sostener la actividad comercial de la zona.
Al menos así lo certifica Manuel Pérez, un hombre de 38 años, que se dedica a la agricultura y que cuenta emocionado que ahora no tiene que irse hasta Yaviza a depositar las pocas ganancias de sus ventas. De hecho, se siente seguro y está convencido que su dinero se encuentra en buenas manos.
“Nosotros antes no veíamos esto, es algo relativamente nuevo, pero bueno… bueno para nosotros los que tenemos negocios pequeños, ya no gastamos en pasaje. Antes se nos iba el dinero en pasaje o lo teníamos que guardar en casa y era inseguro y tentativo”, compartió entre risas.
La alcaldesa del Distrito Chepigana Yania Julio también asegura que es una puerta para los pequeños productores, quienes ahora pueden manejar -piensa ella- mejor su dinero. Aunque confía en que el Banco Nacional de Panamá seguirá replicando esta práctica en otras comunidades del distrito, ya que hay algunos que aún tienen que viajar largas distancias para sus transacciones.
“Es positivo, claro que sí, al menos ahora aparecen en el mapa del Banco y eso es un gran paso o el primer paso para replicarlo en otros puntos del Distrito que también lo necesitan”, recalcó Julio.
Más allá de las cifras, la llegada de Banconal a La Palma se mide en el día a día de su gente. Para los trabajadores, comerciantes y familias de esta zona remota, la entidad representa la oportunidad de ahorrar, emprender y salir adelante.
Narganá: una historia que comenzó hace décadas
En Narganá, comarca Guna Yala, la presencia del Banco Nacional tiene todavía más historia. Desde 1984, luego de gestiones realizadas por líderes locales, una sucursal del
estatal banconal se convirtió en parte de la vida económica y social de esta población originaria.
Han pasado más de cuatro décadas y generaciones enteras han crecido teniendo cerca un servicio financiero que para otras comunidades indígenas continúa siendo una aspiración.
“La sucursal ha sido un pilar estratégico para la inclusión financiera de la economía local”, sostiene Adriano Pérez, Cacique General de la Comarca Guna Yala.
Según Pérez, “Guna Yala se ha caracterizado por el aislamiento geográfico y la presencia del Banco Nacional garantiza el acceso al servicio bancario básico…sin que los pobladores de esta región de la comarca tengan que hacer largos viajes hacia la capital”, afirma el líder indígena.
Pérez sostiene que valora mucho el esfuerzo del banco de acercarse a las comunidades apartadas y que esta presencia comunitaria impacta significativamente a la población.
“El turismo, el pago a los empleados públicos, el desarrollo de los artesanos, la apertura de cuentas de ahorros y de navidad, el pago de becas y subsidios del Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) y muchos otros servicios han cambiado la vida y la dinámica de nuestro pueblo”, concluye el Cacique Guna.
Guabito en Bocas del Toro, Santa Fe de Veraguas, La Palma de Darién y Narganá de la comarca Guna Yalla son comunidades distantes entre sí, pero comparten una experiencia: cómo el acceso a los servicios financieros que ha transformado la vida de sus habitantes. Sus historias muestran que la banca puede desempeñar un papel que va más allá de los resultados financieros: acercar oportunidades, reducir barreras y contribuir al desarrollo de las comunidades.
La apuesta por áreas remotas
Con 96 sucursales en todo el país, la entidad contribuye a la inclusión financiera de residentes de áreas rurales, indígenas y fronterizas quienes enfrentaban viajes extenuantes y costos excesivos para realizar trámites financieros básicos.
Tras 122 años de historia, el verdadero impacto de la institución en zonas apartadas no se refleja en balances económicos, sino en el desarrollo de sus
habitantes. En las comunidades más distantes, una sucursal física representa una vía real hacia la inclusión y la transformación social.
No hay duda de que las sucursales físicas y las plataformas móviles del Banco Nacional de Panamá desempeñan un papel fundamental en la inclusión financiera, particularmente en aquellas regiones donde las distancias, las condiciones geográficas y las limitaciones económicas convierten un sencillo trámite bancario en un verdadero desafío.
Rentabilidad social
Con la presencia bancaria existe una rentabilidad social: la que se traduce en oportunidades, autonomía, seguridad y desarrollo. Y eso lo dejó bien claro el Gerente General del Banco Nacional de Panamá Javier Carrizo, quien, al presentar el Informe de Sostenibilidad 2025 señaló que “el
Al señalar que el Banco Nacional tiene 96 sucursales en todo el país de los cuales el 25% son Deficitarias. Indicando que el banco compite con la banca comercial con los más estándares, ubicándose entre los primeros bancos del país, pero al mismo tiempo, no deja de cumplir su rol social como entidad del estado, llegando a esas áreas remotas donde difícilmente se encontrará una banca privada.
Eivy Daluz, subgerente ejecutiva de Desarrollo de Productos de Préstamos y Bancaseguros del Banco Nacional, explica que la principal ventaja del banco es su cobertura a lo largo y ancho del país.
“La cobertura que tenemos a través de nuestras sucursales nos permite tener esa cercanía con las comunidades, tener ese relacionamiento directo con los clientes.
Y ahí nosotros tenemos esa oportunidad de entender las realidades locales y asimismo identificar las necesidades particulares para adaptarnos a ellos”, señala Daluz.
La ejecutiva manifestó que cuenta con sucursales en áreas apartadas, en comunidades donde otro banco no ha llegado. ”La realidad de cada comunidad rural o apartada es distinta, estamos dentro de nuestro rol de bancarización mediante la apertura de cuentas de depósitos, también tenemos para nuestros clientes otras herramientas como la billetera electrónica, ampliando esa bancarización. Una bancarización no se puede quedar solo con el depósito”, acotó.
En tanto, Milcíades Zarzavilla García, gerente de Sucursales del área central (provincias de Herrera, Coclé y Los Santos), añade que, de las 96 sucursales del Banco Nacional, 38 representan al único banco en el distrito donde están ubicadas.
“Yo creo que con eso podemos tener claro o evidente esa labor del banco, también como banco del Estado, esa labor social, porque un banco privado no llega a esas comunidades, porque obviamente al hacer el estudio de mercado y de factibilidad, pues los números no les dan; explica Zarzavilla.
Para el ejecutivo el rol de la banca no solo se limita a vender, sino ayudar a bancarizar y promover educación financiera de manera que las personas y las familias desarrollen capacidades para manejar mejor sus recursos y alcanzar un desarrollo financiero sostenible.
La otra medida del éxito
La historia del Banco Nacional puede contarse desde sus grandes cifras, sus productos, sus resultados y su crecimiento. Pero existe otra forma de medir su impacto: Preguntándole a un campesino cuánto tiempo se ahorra; a una mujer cuánto le ha ayudado tener acceso al crédito; a un comerciante qué significa no tener que viajar horas para realizar una transacción; y a una familia qué representa recibir un subsidio de manera segura, entre otras tantas.
Acercar servicios financieros a las zonas más apartadas es transformar la geografía de las oportunidades en Panamá. Una sucursal o un cajero automático en el entorno rural va más allá del servicio comercial: se convierte en un motor de inclusión con el potencial real de cambiar vidas.
Esa es, quizás, la historia menos visible y más poderosa de los 122 años del Banco Nacional: seguir llegando al corazón del pueblo, incluso allí donde el camino es largo, la geografía es difícil y las oportunidades históricamente han sido escasas.
Porque para muchos panameños, la verdadera grandeza de un banco no está solamente en lo que tiene, está también en hasta dónde está dispuesto a llegar.
Reportaje para el Diplomado de Periodismo Bancario para el Desarrollo Sostenible Grupo 2: Minerva Bethancourt, Fanny Arias, María José Jimenéz y Valerio Abrego.






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